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1900/2007 En los albores del Siglo XX, el Carnaval: una manifestación popular antigua, celebrada en varios puntos del planeta tierra, comienza a tomar cuerpo en la comunidad encarnacena. Bastante habrán tenido que ver los habitantes, que llegados de países; en algunos casos muy lejanos, de Europa; buscaron mantener, revivir o recrear sus usos y costumbres, buscando seguramente tener menos nostalgia de sus orígenes; también se habla de lugares cercanos, familias provenientes del Brasil, que por razones políticas se afincaron en esta zona del Paraguay. Los inicios del festejo del carnaval en 1916, coinciden con la llegada del Ferrocarril Carlos Antonio López hasta la región, este hecho marca un antes y después en el desarrollo de la historia de la ciudad. Coincide también con las corrientes migratorias de inicios de siglo, principalmente italianos que tienen mucho que ver con la construcción de los nuevos edificios de la ciudad; Encarnación, ciudad que renacía a orillas del río Paraná en una época donde el medio fluvial era de importancia vital. Ambas vías, el ferrocarril y el río mantuvieron su preponderancia hasta avanzada la primera mitad del siglo. La antigua Villa Encarnación, renacía a orillas del Paraná, decíamos; en la llamada Villa Baja, luego también llamada Zona Baja. El desarrollo urbano de este sector, tuvo como base el río y como límite el tendido de las líneas del Ferrocarril que van hasta la Estación Pacu Cúa. Los Desfiles de Carnaval de los comienzos se realizaban sobre la calle Mariscal José Félix Estigarribia, antiguamente denominada Presidente Franco; en el tramo comprendido entre las calles Capellán Molas, ex Tacurú, más conocida como la calle del Correo, y la calle Mariscal Francisco Solano López, llamada entonces 12 de Octubre y comúnmente denominada “La calle de la Vía”. Los Festejos del Carnaval se organizaban para los tres días que antecedían al inicio de la Cuaresma y eran preparados con tiempo y mucho esmero. Esta celebración era esperada con mucha expectativa, principalmente por los jóvenes; ya desde aquella época se hicieron famosos los romances que surgieron y siguen surgiendo por estos tiempos, como asociándose esta fiesta a la del día de San Valentín. El Dios Momo era homenajeado a través de un Desfile de alrededor de 12 coches llamados Victoria, desde luego, de tracción a sangre. Tirados por lustrosos caballos, lujosamente enjaezados, los coches iban con la capota baja, conducidos por los cocheros vestidos de traje negro y clavel rojo en el ojal de la solapa. En ellos hacían su presentación las más renombradas familias encarnacenas, que no eran demasiadas por cierto. Algunas tenían su vehículo propio, y otras familias desfilaban en Victorias de alquiler; al cruzarse los mismos durante el desarrollo del festejo se intercambiaban ramilletes de flores en señal de simpatía. Los coches lucían engalanados por las coquetas damas que complementaban su elegante figura con impactantes abanicos de plumas. En las veredas se reunían los vecinos para disfrutar del desfile, que se realizaba en horas de la tarde aprovechando la luz solar; finalizado el mismo las familias se trasladaban a continuar la fiesta en el club Social de Encarnación. Con el correr de los años; la convulsionada vida política de principios del 20, el ciclón que arrazo la zona baja de la ciudad el 20 de setiembre de 1.926, y la Guerra del Chaco a inicios de la década del 30 determinan la supresión de los festejos del Carnaval, son años de dolor en la historia encarnacena. De 1936 a 1940 y en forma tímida va retornando el festejo en honor al Dios Momo, adquiriendo gran fuerza a partir del año 1.941, forjándose de esta manera el cimiento del Carnaval Encarnaceno. Los Corsos cuando eso, tenían como principal atractivo las Comparsas Municipales, integradas en forma exclusiva por varones de 10 a 20 años, y llegaban a contar con alrededor de ciento veinte componentes. Los pasos tenían más que ver con el ejército que con el baile, el desplazamiento de las comparsas se realizaba en estricta doble fila india, al son de marchas más bien de estilo militar. La vestimenta consistía en pantalón blanco, al que se le adicionaba listas o franjas laterales, y camisas también blancas, a veces también con las listas, o camisas y chalecos de fantasía; acompañados de sombreros y bastones que sobresalían tanto por sus colores como por sus diseños. Los Comparseros ensayaban sus marciales coreografías en las calles de las inmediaciones del actual Hospital Regional, por ser estas arterias las que, sin ser empedradas, estaban en mejores condiciones que otras para este efecto. Algunas nombres de esas comparsas fueron: “Los Improvisadores”, “Los Caballeros del Sur” y “Los Alegres Muchachos”, entre otras; y los dirigentes de los Clubes Sociales eran los directores de las Comparsas, quedan para el recuerdo los nombres de Don Agapito Ortiz, Don Vicente Cardozo y Don Federico Latti entre otros. De a poco se fueron animando las mujeres; en un ambiente distinguido, y con grupos de 10, 12 y hasta 20 parejas por cada club, iban desplazándose al son de redoblantes y trompetas y orquestas típicas interpretando ritmos tropicales, las pequeñas comparsas iban acompañando preferentemente a las carrozas, es así que también desde la década del 50 las jóvenes encarnacenas sobresalen por su belleza de forma natural con su sola presencia, en las Carrozas alegóricas que se constituyeron en un elemento del Desfile de Carnaval, que adquiere mayor presencia, jerarquía y calidad con el correr de los años, hasta que fue declinando su reinado hacia mediados de la década del 70. Los trajes de los participantes sin bien eran originales y coloridos, distaban mucho de tener el brillo que tienen los trajes de la actualidad, pues eran conocidas y existían en el mercado solo las lentejuelas pequeñas, en algunos casos bordadas y en otros pegadas; lo que dejaba como saldo una calzada de desfile bastante regada por las mismas. Los participantes, en su mayoría encarnacenos, eran aplaudidos por parientes y amigos, que, ataviados de la mejor manera asistían a las rondas carnestolendas; era una fiesta familiar y de alegría, donde el público llevaba sus sillas hasta las calles céntricas para su mayor comodidad y con la sana intención de tirar serpentinas y jugar con lanza nieves. Las Mascaritas, eran otra atracción de antaño, algunas iban vestidas de un solo tono, con antifaces y prendas de fantasía bordadas y otros con trajes hechos de papel. Participaban además de los Corsos de antes los Diablos Rojos, que con su tintineante cola reprimían el desborde de los niños en el trayecto del Corso, algunos ponían cara de susto, otros daban rienda suelta a sus travesuras. También estaban los Pieles Rojas, elegantes, con un gran despliegue de flecos en sus trajes y tocado de plumas de complemento; los más solicitados para constituirse en Jefe de Cuidadores de Comparsas eran los Pieles Rojas de atuendo blanco. De a poco las comparsas van evolucionando, las danzas entonces ya eran realizadas con largas marchas al ritmo de la samba brasilera, y empiezan también los trajes a presentar mayor elaboración en su confección; apareciendo en escena: Tocados, Caderales, Cuellos y Espaldares, estos últimos serán los de mayor vigencia por la posibilidad de obtener un diseño más impactante en creación y volumen; así también, irá en constante aumento la utilización de lentejuelas, pedrería y abalorios, además de las Plumas: boas, de gallo, plumero, egret, faisán, pavo Real y las indiscutidas reinas: las Plumas Amazonas ( de avestruz). 1.977 a 1.987 fueron años de importancia para el crecimiento del Carnaval Encarnaceno, los Corsos eran organizados por la Comisión de Cultura de la ciudad, presidida por el Profesor Cesar Duba Yunis; coincidente con el inicio del apogeo de las Comparsas que mantienen hasta hoy su sitial de privilegio, ya por alrededor de tres décadas. Las Carrozas, hasta la actualidad, siguen siendo el eficaz complemento en el desarrollo integral del espectáculo. La organización de los Corsos a partir de 1.988, presenta variables; ese año es organizado por la Municipalidad, el año 1.989 por una Asociación de los Clubes participantes, en 1.990 los vuelve a organizar el Municipio; mientras que en 1.991 lo hace el Club de Amigos de Encarnación CADE con el Encarnación Rugby Club. En el año 1.992 se constituye la COMISION DE CARNAVAL DE ENCARNACION, conformada por los Clubes Sociales y Deportivos, Entidades y Asociaciones Sociales, Culturales, Comisiones Vecinales y de Servicio; cuyo objetivo principal es promover, dirigir y organizar los Corsos Encarnacenos; los Estatutos Sociales fueron aprobados el 3 de agosto de 1.993, y el Decreto Nº 9.110 de Personería Jurídica es del 31 de mayo de 1.995. PRESIDENTES de la Comisión de Carnaval hasta hoy: - Abraham “Pachi” Sarquis - Arquitecto Jorge Hrisuk Klekoc - Abogada Pabla Lucía Rettori - Licenciado Eduardo Florentín Bolf - Licenciado Rubén Darío González Sarquis - Arquitecto Carlos Ignacio Segovia Vera. - Arquitecto Jorge Hrisuk Klekoc - Sr. Julio Muller
Es el periodo del Carnaval Contemporáneo cuyo sello es el lujo y belleza, además del gran ingenio que ponen los profesores de baile en las coreografías, los vestuarios y los ritmos, ejecutados por las Batucadas, que a nivel local se van creando en esta etapa. El Carnaval Encarnaceno ha pasado por una larga etapa de crecimiento, donde la fantasía es la que reina. Los espectadores ya no son solo locales, Encarnación tiene durante los días del Carnaval, la visita de cientos de turistas que llegan hasta la ciudad para disfrutar de un espectáculo que crece año a año; su fama ha trascendido las fronteras En ocasiones los Corsos se realizaron sobre la actual calle Dr. Juan León Mallorquín, en el tramo comprendido entre las calles Mariscal Francisco Solano López y Capellán Molas, también de la Zona Baja de Encarnación; pero el trayecto mayormente utilizado es el inicial sobre la calle Mariscal José Félix Estigarribia, en el mismo tramo; hasta 1.981. En los años siguientes los Corsos se trasladan definitivamente a la Zona Alta de la ciudad, llamada también Villa Alta; para volver a la Zona Baja solamente en el año 1.985 despidiéndose definitivamente de la calle de los inicios en ese entonces. En 1.982 el Desfile se realiza sobre la calle Dr. Juan León Mallorquín entre las calles 25 de Mayo y 14 de Mayo; en 1.983 no se realizan los Corsos, mientras que en el año 1.984 la calle elegida es Mariscal José Félix Estigarribia entre 14 de Mayo y 25 de Mayo. En los años 1.986 y 1.987, los Corsos se realizan en, prácticamente el medio de las dos zonas de la ciudad, la calle Mariscal José Félix Estigarribia en el tramo comprendido entre General Cabañas y Monseñor Wiesen; y en el año 1.988 se vuelve a utilizar la calle Dr. Juan León Mallorquín desde Constitución hasta 14 de mayo. El escenario para los años 1.989, 1.990, 1.992 y 1.993 fue la calle Carlos A. López en el tramo comprendido entre las calles 25 de Mayo y Cerro Corá; como un hecho peculiar se recuerda el Corso del año 1.991, que partiendo desde 25 de Mayo sobre Carlos A. López, gira por la Plaza de Armas, sobre la calle 14 de Mayo, para tomar Mariscal Estigarribia hasta Arquitecto Tomás Romero Pereira. En 1.994, merced a una gestión de la Comisión de Carnaval en los trabajos de ensanchamiento de la calzada, adecuándola a los nuevos requerimientos del Carnaval Encarnaceno, la Avenida Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia se convierte en la Zona de Corso, utilizada hasta la actualidad. Para el futuro se espera la cristalización de un viejo sueño de los carnavaleros, la Construcción del Sambodromo definitivo del Carnaval Encarnaceno. LA PREPARACION Tambores, Cavazas, Congas, Bongos y Maracas. Al anochecer empieza el gran movimiento del Carnaval, los días previos a la fiesta, suenan las bazucadas y cientos de jovencitas principalmente, se preparan para bailar en la CAPITAL DEL CARNAVAL, los Clubes Comparseros reciben todos los días unas 500 a 1.000 personas que van a mirar los Ensayos, tradicional actividad de las familias encarnacenas en el tiempo que antecede a la realización de los Corsos. De la selección de las Bailarinas se encargan las profesoras de las coreografías, mientras que la Directiva de los Clubes elige a las Invitadas Especiales y a las Figuras Principales que han de competir por los Títulos en juego. |
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